El juego de ser perfecto - Un diálogo entre lo clásico y lo contemporáneo | Juan Pablo Acosta
El primer autor en proponer un concepto completo de tragedia fue Aristóteles, quien la definió como: “una imitación de una acción esforzada y completa, de cierta amplitud, actuando los personajes y no mediante relato, y que mediante compasión y temor lleva a cabo la purgación de tales afecciones. (Arist. Poet. vi, 1449b24-41). De esta definición se pueden extraer tres elementos clave: el objeto imitado, el modo de imitación y la purgación de las emociones, es decir, la catarsis.
Enlace del vídeo https://youtu.be/u58J-nGNue0
Por tanto, la mimesis (imitación) es, sin duda, uno de los conceptos primordiales que articulan la Poética de Aristóteles. Sin embargo, la mimesis no se refería en modo alguno a la «copia de la apariencia externa de las cosas», en su sentido más estrictamente platónico y en su expresión más simple, sino mucho más compleja, dado que incluía aspectos que trascienden el mero traslado de rasgos de lo que se representa a lo representado. Por tanto, el poeta dramático no es un historiador y puede modificar la realidad en el contexto artístico.
Quito, 2024, 20h00. El público ingresa al teatro y el telón está ya abierto. Roberto Manrique está acostado en el centro del escenario. Suenan las tres llamadas con su propia voz. ¿Dónde estoy?, tengo que ir a un estreno, menciona mientras se levanta rápidamente y las luces descubren un escenario lleno de cajas, cientos de ellas, algunas tituladas: la mano mágica; padre rico, padre pobre; ama, come, come, come, reza; mi primer beso; dos contra el mundo (…) La obra se presenta como un juego en el que cada caja contiene un viaje hacia un momento específico en la vida del protagonista: 9 años, 32 años, indica al comenzar a abrirlas y narrar el episodio que contienen. Al parecer, las cajas son historias y una en particular llama la atención por su color negro.
Al referirse al drama, decía Aristóteles que el artista debía atender, sobre todo, a la adecuada estructuración de los hechos con un determinado orden y una clara unidad de acción, frente a la multitud de acciones que podían suscitarse frente a un texto histórico. De estos preceptos se desprende la conocida estructura narrativa de tres actos (inicio, nudo y desenlace) sumada a la noción de unidades de acción, tiempo y lugar. Es decir una historia con un conflicto principal, en un tiempo continuo y un solo lugar, forjada a partir de la intervención monologada o dialogada de personajes. Estas nociones han sido la base de muchos siglos de drama.
El juego de ser perfecto. Roberto Marique
Sin embargo, ¿qué sucede cuando esta estructura se altera?
De vuelta en el teatro, Roberto toma conciencia del público, no existe una cuarta pared, pide ayuda y pregunta qué cajas abrir. Así, El juego de ser perfecto se construye al momento y el espectáculo depende de las decisiones del público sobre las cajas y no de una estructura fija. Son estas elecciones las que moldean la puesta en escena, construyendo así una especie de dramaturgia en conjunto con los espectadores en las que cada caja abierta propone un viaje a un momento en particular en la vida del protagonista y devela los elementos nucleares de la propuesta: el tiempo y el espacio tergiversados, en oposición a los cánones clásicos de unidad aristotélica.
El juego de ser perfecto. Roberto Marique
El tiempo es la materia principal del teatro. En 1978, la obra Traición, de Harold Pinter propuso una narración en orden cronológico inverso, de atrás hacia adelante, lo que activa en el espectador una percepción corrupta del tiempo y una cierta seducción hacia la catástrofe del desenlace. En la obra Los Años, de Mariano Pensotti, se presenta la historia de un hombre a sus 30 años y a sus 60; en el presente y en el futuro, con la particularidad de que ambos tiempos, el 2020 y 2050, transcurren simultáneamente en escena. En Raspando la cruz, de Rafael Spregelburd (1997) las escenas van en orden hasta cierto punto y luego van de atrás hacia adelante hasta ver una escena cero que solo se puede observar al final. El buen teatro, entonces, opera como una ejemplificación filosófica del paso del tiempo en el alma.
El juego de ser perfecto. Roberto Marique
Y es precisamente ese paso del tiempo en el alma lo que define a la propuesta de Manrique. Clarise Lispector una vez dijo: voy a crear lo que me sucedió. Algo similar sucede en la obra, más allá de tratarse de una representación filtrada por un personaje en un mundo ficcional y un texto fijo, hay un elemento característico del teatro contemporáneo: la presentación de la vida del propio protagonista, que en este caso incluye a sus fantasmas y sus propios demonios, desde sus primeros años de vida hasta la actualidad. Yo tengo una junta directiva de terapeutas, menciona en cierto momento. No obstante, el verdadero juego es aquel en el que pretende fingir perfección frente a la complicada relación con su padre. La caja de color negro cobra importancia nuevamente.
El juego de ser perfecto. Roberto Marique
Rafael Spregelburd (actor, director y dramaturgo argentino) menciona que en el teatro existe una relación esencial entre el tiempo, el espacio y la palabra. De dicha relación pueden derivarse varias ecuaciones, por ejemplo: a mayor temperatura espacial el tiempo se vuelve más lento. En otras palabras, cuando hay muchos elementos escenográficos, la percepción del tiempo retrocede, y viceversa. Tiempo y espacio parecen estar en un subibaja. El juego de ser perfecto propone precisamente eso. La abundancia de las cajas en escena ocasiona una ralentización del tiempo. Las historias narradas e interpretadas por el protagonista focalizan la percepción del público en el tiempo narrado y sus continuas analepsis y prolepsis, donde el espectador toma el papel de un acompañante en los viajes a la vida del actor, como si se tratase de una especie de narrador colectivo yo-testigo cuyas elecciones moldean la historia.
Los acontecimientos de la primera mitad del siglo XX afectaron a la dramaturgia mundial, dando lugar a lo que se denominó la ruptura del texto canónico, es decir, la deconstrucción de los paradigmas clásicos, dando paso a la creación de textos con nuevas características, tales como: ruptura de la unidad de acción; creación de obras con sus propias normas y convenciones; alteración de las coordenadas espacio-temporales; nuevos conceptos de personajes; utilización de varios géneros o formatos en un mismo espectáculo y una vulnerabilidad de la verdad, la cual puede reinvertirse, ocultarse o insinuarse. La propuesta de Roberto Manrique apuesta por esto último: ¿qué es la verdad? Como espectadores podemos preguntarnos si lo que vemos es cierto, o es una versión subjetiva de los hechos por parte del protagonista, o si son los acontecimientos como hubiese querido que sucedieran, si el narrador está omitiendo información a propósito o si, por el contrario, está desnudando su propia alma en escena. Es decir, el poeta dramático modifica su propia realidad en el contexto artístico. Además surge la duda: ¿qué historias ocultan las demás cajas?, ¿qué contienen nuestras propias cajas?, ¿qué sucede con aquella de color negro?
El juego de ser perfecto. Roberto Marique
No obstante, El juego de ser perfecto se constituye, además, por determinados componentes relacionados con lo clásico, específicamente con aquello que Aristóteles define como los elementos constitutivos de la tragedia, entre ellos: la anagnórisis, o adquisición de un conocimiento que conlleva a un cambio en las relaciones humanas. Los niños sí pueden llorar con las películas, dice Roberto al descubrir que el cine puede permitirle expresar sus emociones libremente. La peripecia se refiere a un error grave cometido por el héroe; se trata de un error de conocimiento, hacer algo sin saber exacta o totalmente los resultados de la acción, de manera que este comportamiento genere compasión. Qué loco que algo que es basura, se pueda sentir bonito, comenta en un momento de la obra, al referirse a los efectos de la base y su posterior repercusión negativa en su vida. Finalmente, el lance patético es, en sentido riguroso, una acción dolorosa o destructora, el punto culminante del patetismo asociado al género trágico, patetismo que surge en el espectador en términos de empatía. Con ello, descubrimos aquello que quedó insinuado casi desde un inicio: la caja negra se refiere a la muerte del padre, la acción destructora que cambió la vida del protagonista.
El espectáculo está a punto de terminar; Manrique anuncia las llamadas (aquellas que sonaron al inicio) y cuenta que debe llegar al teatro a dar una función, con lo cual la realidad metateatral, como una especie de caja metafórica, se inserta dentro de la ficción. Los límites entre una y otra se vuelven aún más difusos. Roberto se lanza al vacío, dejando la sensación de una pequeña espiral en la que todos fuimos cómplices por un momento de la única historia que sucedió aquel día y que podría acontecer de 243 maneras posibles más. En el buen teatro, en definitiva, luchan lo efímero contra lo eterno. El verdadero juego de ser perfecto es la ritualidad del tiempo.
Ficha técnica:
El juego de ser perfecto, por Roberto Manrique y sus demonios, en El Teatro del CCI.
Dirección: Sebastián Sánchez Amunátegui e Iñaki Moreno.
Juan Pablo Acosta: actor, director escénico, cantante, pintor y dramaturgo. Director académico y profesor de actuación en la Escuela Integral de Formación de Artistas-EIFA y Director Artístico en el Teatro Victoria.