Ara Malikian: un garaje autobiográfico / Juan Manuel Granja
Ara Malikian: un garaje autobiográfico
Si lo comparamos con Ara Malikian, aquel violinista serio y formal del estereotipo de la alta culturase parece más bien a un oficinista, a un cajero de banco bajo cañones de luz, a un pingüino con talento. Malikian, por supuesto, está ocupado en encarnar el cliché contrario: arrebatado, callejero, cómico –a veces sin necesidad– y sobre todo lo suficientemente arriesgado como para ensuciar el espíritu del aristocratizado violín con manchas roqueras por aquí y por allá. Pecadillos pop que, sin embargo, han adquirido con la ayuda de la digitalización (muy enviciada en la revaluación retrospectiva) y de antiguos adolescentes que han ganado poder y edad-nostalgia, el brillo dorado de clásicos: Led Zeppelin, Guns n´ Roses, Björk o incluso el tema insigne de Pulp Fiction; película y a la vez profecía de un siglo XXI donde lo cool, la fragmentación y lo irónico parecen apoderarse de todo, incluidos algunos momentos de este libanés armado de violín e instrucción académica europea.
Concierto de Ara Malikian. Evento realizado por La Cumbre Agencia Musical. Foto Ana Lu Zapata
Música y máscara, de eso quizá se trate también, además de su evidente celebración del instrumentalismo de cuerdas, la gira Royal Garage, titulada así en honor a las recordadas cocheras donde las bandas suelen refugiarse para poder nacer sin que su ruido les signifique un aborto violento por parte de familiares y vecinos. Ara Malikian, intérprete y compositor libanés de ascendencia armenia hoy afincado en España, con su cabello de palmera electrificada y sus incontables volteretas y amagues dancísticos por las tablas, es tanto una estrella del violín como un personaje que cobra vida cuando es hora de salir a tocar. En este espectáculo poblado de suites que se esfuerzan por destacar la fuerza y versatilidad de las cuerdas, el músico de técnica intachable hace suyas por lo menos dos formas de teatralidad: la del espectáculo de rock y la de la comedia verbal.
Concierto de Ara Malikian. Evento realizado por La Cumbre Agencia Musical. Foto Ana Lu Zapata
¿Cuál es la narrativa que envuelve a este show? ¿De qué gabinete de curiosidades se ha escapado este personaje? Malikian, sin duda, es el trasunto del superviviente esforzado pero bastante feliz: los conflictos armados, el exterminio y la migración forman parte de su historial tanto como la música, una música de pulso oriental y que juega al exotismo al que se alía, además de un cuarteto de cuerdas, una banda de formato roquero. La figura que Malikian cultiva es, efectivamente, la del virtuoso errante con mil anécdotas a la mano para su eficiente y conmovedora musicalización. Royal Garage es, en este sentido, una obra autobiográfica (es decir, una máscara), casi una película musical proyectada oralmente por el propio violinista quien, entre una pieza y otra, además enlaza una serie de anécdotas de su recorrido musical por el mundo casi a la manera de un espectáculo de comedia stand-up.
Concierto de Ara Malikian. Evento realizado por La Cumbre Agencia Musical. Foto Ana Lu Zapata
El violín de Malikian hace el papel de voz principal. La melodía de sus cuerdas es lo que el otro violín, la viola, el violoncelo, el bajo, la batería, la guitarra y el teclado se encargan de destacar. Más que la convergencia de melodías independientes al modo contrapuntístico, la idea es que Ara haga de su violín una estrella sostenida sobre un dinámico terreno arado por las cuerdas y los demás instrumentos. Los momentos de virtuosismo se acompañan de una gestualidad de rock de estadio a cargo del performer principal. No se puede obviar, como decía, cierta estética del zapping que se va colando en este concierto. ¿Zappingo más bien multitaskingal modo de teléfono portátil? En este show hay de todo: exotismo orientalista, revisionismo rock, comedia, guiños al pop alternativo, un tono de fiesta circense… En definitiva, Royal Garage Tour puede verse-escucharse como una serie de actos enlazados tanto por la pericia musical como por el carisma del solista. Y, no obstante, las composiciones del propio Malikian destacan por no contentarse con la facilidad: muestran un manejo creativo de todos estos elementos e influencias. Ese oportunismo que habilitado por el virtuosismo instrumental muchas veces recibe dardos y zancadas, es en manos de Malikian no solo una posibilidad de complacer al público al entregarle de todo un poco, sino también una apuesta por abrir los posibles repertorios, registros y públicos para un instrumento a veces tan circunscrito como el violín.